Totalitarismo Islámico: El Estado del Terror


Uno de los aspectoslv_20151026_lv_fotos_d_54437470780_2_0_2430696451-k0oh-u4067604672697d-992x558lavanguardia-web más interesantes que brinda el concepto del totalitarismo es la posibilidad de establecer un patrón común entre numerosos regímenes políticos, que si bien a simple vista aparentan ser muy distintos entre sí, en el fondo su esencia y objetivo es siempre el mismo: La creación del hombre nuevo a través de la utilización de todos los medios del Estado como instrumento de dominación de la conciencia y la mente humana para alcanzar una visión utópica del mundo perfecto, el cual debe alcanzarse sin misericordia y al costo que sea.

A lo largo de los últimos 4 años hemos sido testigos de la aparición de un nuevo pseudo-régimen de dominación total, asentado principalmente entre dos naciones muy simbólicas para el pueblo árabe: La República de Irak -portadora de la gloria antigua de Babilonia y Mesopotamia- y, el país de mi familia, la República Árabe de Siria, que más allá del recuerdo de la todopoderosa ciudad de Damasco, es percibida por la opinión pública de la región como el último bastión secular de resistencia contra el sionismo encarnado por el Estado de Israel; este nuevo pseudo-régimen es el Estado Islámico. Fue verdaderamente sorprendente para mí el poder modelar y comprender al subestimado grupo etiquetado simplemente como “terrorista” como un tipo de régimen totalitario, pudiendo realizar así conexiones lógicas entre el pensamiento del nuevo Estado Islámico y el régimen nacionalsocialista, fascista y estalinista, por lo que precisamente esto será el objetivo de la presente síntesis filosófica. Cabe acotar que si bien el Estado Islámico no cuenta con ningún tipo de reconocimiento -oficial- internacional,  los territorios dominados por el grupo cuentan con su propia estructura Estadal: Han establecido sus propios ministerios, cuentan con autoridades encargadas de la administración pública, emisión de partidas de nacimiento, emiten comunicados diplomáticos con condenaciones, exigencias y amenazas, tienen un sistema legal basado en la Ley Islámica, etc.. Por lo que puede ser considerado un pseudo-régimen que utiliza la fuerza y el poder de su Estado –de facto- como una herramienta de ingeniería social para purificar al mundo y alcanzar la utopía del reino del “Dios clemente y Misericordioso” sobre la faz de la tierra. Este régimen involucra un aspecto de mi vida puesto que parte de mis familiares residen precisamente en la República Árabe de Siria, país que considero como mi segunda patria.

El primer aspecto a resaltar consiste en el carácter expansionista del régimen. En el idioma árabe, el nombre oficial del territorio controlado por el grupo se traduce literalmente como “Estado Islámico de Irak y Sham”. Esta última palabra no existe en ningún otro idioma, por lo que lamentablemente sham ha sido forzosamente traducida como “Siria”, por lo se obvia un aspecto muy importante de su significado original. Para nosotros los árabes, la palabra Sham tiene tres significados: Puede referirse sólo a la ciudad de Damasco, a Siria como nación o al conglomerado de Turquía, Jordania, Palestina, Israel, Líbano y por supuesto la misma Siria. Por lo tanto, cuando el grupo utiliza la expresión SHAM en su nombre, no se refiere únicamente al territorio sirio sino que en realidad proclama de forma expansionista sus intenciones de ensanchar el califato a todos los países del Cercano Oriente con el objetivo final de “Restaurar la gloria del Califato de Damasco (Sham)” desaparecido hace más de 14 siglos; nada demasiado distante al régimen de Mussolini que proclamaba la expansión de Italia para restaurar la gloria del Imperio Romano, a los esfuerzos del Führer de extender el Tercer Reich o a la estrategia leninista de propagar ideológicamente la Revolución a nivel internacional; todos con el objetivo común de crear un hombre nuevo y puro bajo la dirección del Gran Líder escogido, que es el único que conoce el camino hacia la perfección. De hecho, este es otro punto de paralelismo pues el culto a la personalidad del Califa Abu Bakr al-Baghdadi (en árabe, “El padre Bagdadí de la pureza) alcanza niveles parecidos a la adoración a Lenin, Stalin, Mussolini, el Che Guevara y Hitler.

Por otra parte, en el idioma árabe la palabra “Islam” significa rendición y sometimiento a la voluntad de Dios, por lo tanto, así como el mayor sueño o aspiración del pueblo alemán era servir al Estado y sujetarse a su autoridad, la máxima realización personal que puede alcanzar un musulmán es la obediencia total a Dios (o a los que proclaman ser sus mensajeros, enviados, líderes y profetas), por lo que buscará obedecer ciegamente a todos los preceptos que Allah y sus siervos ordenen en su palabra. Uno de estos principios es el concepto de Yihad. En el idioma árabe, esta palabra significa “Lucha” y no tiene por sí misma una connotación espiritual. El Corán llama a los creyentes a emprender una Yihad contra el mundo no musulmán, por lo que existen dos interpretaciones: La primera, seguida por la mayoría de los creyentes, establece que esta Yihad es espiritual y personal, e implica una lucha de resistencia en contra de los pecados y tentaciones que hay en el mundo. La segunda interpretación dada por los extremistas (incluyendo el régimen del Estado Islámico y grupos como Al-Qaeda) es literal, y establece que esta lucha es una orden divina para declarar la guerra física a los pecadores hasta eliminarlos de la faz de la tierra para que el reino de Allah se establezca mediante un califato. Cabe aclarar que el problema no es la esencia de las creencias islámicas, sino la manipulación de las mismas para alcanzar un objetivo político a través del uso de la fuerza y la sumisión de sus seguidores. A través de la justificación nacida de este manipulado mandato coránico, el Estado Islámico ha logrado reclutar numerosos jóvenes de todo el mundo y ha cautivo el corazón de muchos musulmanes que por definición desean “rendirse” y “sujetarse” a la voluntad de Dios aceptando el precepto bélico de “Yihad”, de la misma manera en la que millones de alemanes se sujetaron apasionadamente a los ideales de Hitler por el deseo cultural implícito de rendirse, someterse y sujetarse a la voluntad del Estado y su sistema de creencias para alcanzar la utopía final.

Otro paralelismo consiste en la elaboración de un planificado y deliberado sistema de propaganda internacional para difundir al mundo una falsa imagen de prosperidad, felicidad masiva, igualdad, justicia social y alta calidad de vida. Contrario a la creencia de muchos individuos, el Estado Islámico cuenta con un Ministerio de propaganda muy eficiente, encargado de difundir videos promocionales y crear cuentas en redes sociales populares como Instagram, YouTube, Facebook y Twitter donde difunden imágenes de mercados populares repletos de productos, niños jugando y rezando felices, vías públicas muy limpias y ornamentadas, etc… De hecho, he recibido a través de mis cuentas personales 2 videos de propaganda muy bien elaborados por parte de este grupo invitándome a abandonar el sistema del sucio mundo occidental y viajar a Irak para ser parte de los “Mujahedeen” (Luchadores). En dichos videos utilizaban un vocabulario árabe muy elaborado, con retos dinámicos de reflexión y una música casi sinfónica con la evidente intención de penetrar en la emocionalidad del espectador. A través de este método, El Estado Islámico ha logrado el reclutamiento de muchos seguidores europeos, asiáticos, africanos e incluso latinoamericanos, logrando expandir sus ideas radicales al mundo. De la misma manera, a través del gran aparato de propaganda internacional, las dictaduras totalitarias de corte estalinista lograron engañar al mundo y reclutar numerosos militantes difundiendo la falsa vitrina de que en comunismo se vive mejor. En otras palabras, los miembros del Estado Islámico difunden la idea del Reino terrenal de Dios de la misma forma en la que los soviéticos difundieron  la imagen gloriosa de la Revolución.

Otro aspecto a considerar consiste en la eliminación sistemática de las “impurezas” para alcanzar el mundo perfecto, pues del mismo modo en que los nacionalsocialistas alemanes ejecutaron la Solución Final contra al pueblo judío para alcanzar la utopía racial, el califato ha desatado una persecución brutal en contra de las minorías cristianas ortodoxas, católicas, protestantes, judías e incluso de otros musulmanes “no religiosos” en sus territorios controlados, de hecho, muchas ciudades donde la población cristiana era del 20-30% ahora son prácticamente cero, por lo que la situación es bastante similar al holocausto judío, con muertes espantosas, diásporas y violaciones a los Derechos Humanos fundamentales justificados por la meta final de alcanzar la utopía final. Asimismo, otro aspecto en el que me baso para catalogar al autoproclamado Estado Islámico como un régimen totalitario es la forma en la que asciende al poder, sin perder de vista que los regímenes totalitarios, por definición, asaltan el poder a través del uso de la violencia o manipulaciones constitucionales. En el caso de la República Iraquí, el vacío de poder ocasionado por el colapso repentino del “Gran Líder” Saddam Hussein a causa de la invasión anglo-americana de 2003 permitió el surgimiento de pequeñas milicias de “resistencia contra el imperialismo”, que con el paso del tiempo fueron absorbidas poco a poco por la ideología extremista del Islam y el principio del Yihad explicado anteriormente. Paralelamente, en Siria, gran parte de las milicias islamistas de la oposición al gobierno de Al-Assad apoyadas por Occidente fueron progresivamente abandonando la “revolución democrática” para unificarse en secreto con las fronterizas milicias iraquíes bajo el paraguas de “Estado Islámico”, quien comenzó una expansión rápida y radical tomando por la fuerza múltiples localidades y provincias en ambos países por medio de numerosos “ataques relámpago” para evitar la posibilidad de cualquier contraataque, curiosamente la misma estrategia militar que el régimen nacionalsocialista utilizó para expandir el Tercer Reich alemán. De igual modo cabe resaltar que la fuerte inestabilidad provocada por la guerra en ambos países fue aprovechada por el Estado Islámico para la conquista del poder; exactamente este fue el caso del ya mencionado nacionalsocialismo alemán que supo tomar ventaja de todas las crisis económicas, sociales y políticas de la República de Weimar heredadas tras el fin de la Primera Guerra Mundial, y así como el ascenso del Führer hubiese sido imposible si Alemania hubiese atravesado otras condiciones políticas y económicas, sin duda alguna el Estado Islámico no hubiese tenido acogida si Siria e Irak no tuviesen un relativo vacío de poder producto de los numerosos conflictos armados internos y las continuas crisis políticas, tal como lo sugieren expertos en terrorismo como Max Abrahms.

Por último, creo firmemente que al igual que los regímenes totalitarios estudiados en clase, el Estado Islámico está condenado al fracaso, sin embargo, mientras sus líderes sigan llevando a cabo el intento de alcanzar la utopía, ocasionarán en el proceso graves pérdidas humanas, materiales, económicas, sociales e incluso culturales, no solo en Irak y Siria sino a lo largo y ancho del globo puesto que al reclutar numerosos luchadores extranjeros, éstos volverán entrenados e ideologizados a sus naciones de origen para extender desde allí el califato (como ocurrió en los atentados del 13 de Noviembre en París donde 5 de los 6 atacantes eran de origen francés). Veo también con bastante preocupación la manera en la que la comunidad internacional ha permitido la expansión deliberada del grupo a favor de sus propios intereses (especialmente por parte de EEUU y Rusia en Siria) sin que exista un esfuerzo político serio en derrotar al grupo, puesto que es el único pretexto que tienen los actores para participar militarmente en la región; no olvidemos que también fue políticamente conveniente para muchos en los 1930’s el empoderamiento del régimen Nazi hasta que terminó saliéndose de control arrastrando al mundo hacia el desastre cuando existía la posibilidad real de haberlo neutralizado a tiempo. Más allá de todo eso, considero alarmante la malinterpretación de la comunidad europea de este conflicto, pues en los últimos meses ha sido evidente el crecimiento de los partidos popularmente conocidos como de “extrema derecha” -como la campaña anti-refugiados del Brexit y el partido de Jean-Marie Le Pen en Francia- que poco a poco resucitan en toda Europa el fantasma del sentimiento ultranacionalista que produjo ambas Guerras y que hoy puede traer de vuelta nuevos tipos de regímenes totalitarios, si algún Gran Líder carismático sabe aprovechar las condiciones en las nuevas Repúblicas de Weimar.

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